Respeto a la República.
A pesar de los indicios de progreso, un nuevo aeropuerto, un tren de pasajeros, corrupción, abuso de poder, mentiras sistemáticas, engaños y traiciones. Hay la masiva exigencia de más democracia y justicia. Esto por los abusos que vemos. la polarización social lleva al estancamiento, a la movilidad social estancada que conduce al despertar de la ira y la frustración en la sociedad porque no se ve miras de progreso, no se siente el crecimiento ni el desarrollo en el sistema frustrado que ha enmarcado en el imaginario colectivo que pareciera solo haber dos alternativas para el progreso, o entrega desmedida al mercado o dependencia excesiva del Estado, pero en ambos criterios, falta la libertad individual, el derecho a la auto-realización. ¿Cómo se realizará alguien sin pensamiento crítico, sin conocerse? En el ámbito de la combinación ideal de ira y frustración, se pierde la confianza en las instituciones y en los conciudadanos. Estamos justamente atravesando una época de crisis de valores. La gente ya no confía en la gente a pesar de tener “gobiernos para la gente”. Y cuando el gobierno considera a la gente, es indistinta, sin capacidad de tener injerencia individual, o de asociarse. Y cuando el gobierno considera al pueblo desde la perspectiva autoritaria de encarnarles a nivel popular, todos se convierten en masa popular, clientes controlables, objetos condicionados que sirvan al poder. En estos tiempos, lo que se busca es respetar la república, bueno para algunos nos consterna esa falta de respeto. La exigencia de promover el progreso a partir del debate ha residido en quien busca un cambio y no queda a la postre como zalamero del régimen en turno.
En este sentido, la perdida de confianza en instituciones por la movilidad social estancada, producto de los extremos en los que hemos deambulado sin crecimiento ni desarrollo, apuntan de forma ineludible a reflexionar en torno a la crisis de la república y de la democracia, a la falta de una nueva etapa social donde sí consideramos el progreso. Porque no hay república sin instituciones, y no hay instituciones sin confianza de los ciudadanos. Queremos ciudadanos empoderados. El poder personal del ciudadano marca el progreso de la república, de la democracia, del liberalismo social. Sin confianza no hay sentido. No queremos vivir por vivir, queremos tener sentido en nuestra vida cotidiana. Al tanto resulta imprescindible rescatar la mística de la formación cívica, ética e íntegra de los ciudadanos, pero en el amparo de que nadie hará por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos. Porque depositar esa responsabilidad en el Estado, es irresponsable. El Estado no puede estar por encima del ciudadano, porque entonces lo subyuga, lo condiciona, le hace perder perspectiva de su poder, y de su criterio político y de su facultad crítica como entidad consciente.
Hablamos de la falta de democracia, y de la masiva exigencia de democracia a pesar de las presunciones del gobierno por su progreso, por tren de pasajeros, o nuevo aeropuerto, o programas sociales que son convenidos desde la responsabilidad de los acuerdos multilaterales de pueblos que conviven y requieren instituciones para entenderse y relacionarse. Por que a pesar de eso, se registra la injusticia, la impunidad y el abuso de las autoridades incompetentes que quieren preservar el poder por el poder el mayor tiempo posible porque si regresan a la entrega al mercado, ya no son nadie, son indistintos frente al capital y si luego dependen del Estado, podrán sufrir las represalias de sus malos manejos o ambiciones vulgares y mezquinas que dieron a conocer cuando aspiraron al poder y comenzaron sus traiciones a electores, gobernantes, socios, aliados buscando tener una horda de zalameros disponibles y sin criterio para jugar a los dioses, manipulando, mintiendo, engañando y traicionando.
Para el célebre filósofo Norberto Bobbio, la distinción entre izquierda y derecha no se basa en esencias inmutables, sino que es criterio topológico del espacio político. Su diferencia fundamental radica en la postura frente a la igualdad. La izquierda marca consideraciones por las desigualdades sociales que son artificiales y deben corregirse o reducirse mediante la intervención y redistribución del Estado. Y la derecha tiende a considerar las desigualdades como algo natural, inevitable o funcional, defendiendo las jerarquías y el orden social establecido.
Los moderados defienden la libertad y aceptan las reglas de la democracia, el diálogo y el pluralismo. Y los extremistas están dispuestos a sacrificar la libertad, la tolerancia o el Estado de derecho para imponer su visión de la igualdad, izquierda radical o el orden, derecha radical.
Hoy por hoy, el debate entre derecha e izquierda, globalistas contra nacionalistas, neoliberalismo contra Estado, sigue en marcha a la luz de los tiempos de integración de mercados, conflictos entre imperios y crisis económicas. En nuestro país, hay indicios de progreso, claro por lo inminente de la integración de mercados y con ello lo que conlleva a la responsabilidad de cumplir al inversionista, al empresario que genera empleos y a la gente que exige vida digna. Al tanto, la exigencia resuena con la misma fuerza que ocurrió en el preludio de la revolución mexicana, queremos más justicia y democracia.
Estos asuntos, marcados desde tiempos del PRI, dieron lugar a que ganara el PAN a nivel federal y luego, asimismo dieron lugar al desgaste del PAN y a la emergencia de morena y con ello ganar el poder.
El asunto continúa.
LA ERA DE LA POLICRISIS: CARTOGRAFÍA DEL CHAOS Y REORDENAMIENTO GLOBAL
El siglo XXI no está cambiando de año; está cambiando de época. La sensación generalizada de ansiedad, volatilidad e incertidumbre que atraviesa a la ciudadanía global no es un accidente psicológico ni una anomalía pasajera: es el síntoma directo de un sistema en plena fase de tectónica de placas. Para tomar decisiones estratégicas —sea en la función pública, la alta dirección empresarial o el gobierno de la propia vida—, es indispensable descifrar las fuerzas invisibles que mueven el tablero contemporáneo.
1. La Fragmentación de Mercados y el Fin de la Hiperglobalización
Durante tres décadas, el mundo operó bajo la premisa de la máxima eficiencia: producir donde fuera más barato, sin importar la distancia ni la alineación ideológica. Ese modelo colapsó. Hoy asistimos a la transición de la eficiencia al resguardo estratégico. Los nuevos mecanismos de integración económica ya no buscan la apertura total, sino la seguridad de suministro mediante redes de confianza. El nearshoring y el friendshoring no son modas del lenguaje corporativo; son la respuesta desesperada de las potencias por acortar sus cadenas de valor y proteger sus insumos críticos (chips, energía, tierras raras, alimentos) de las turbulencias geopolíticas. La economía global pasa de ser una red fluida a un archipiélago de bloques comerciales blindados.
2. La Lucha Multipolar: La Colisión de los Nuevos Imperios
El orden unipolar ha quedado en el pasado. Vivimos en la fricción entre la hegemonía occidental en redefinición y el ascenso asertivo del bloque euroasiático. No estamos presenciando la clásica Guerra Fría del siglo XX, sino una guerra híbrida y asimétrica que se libra en múltiples dimensiones simultáneas:
Guerra Tecnológica y Algorítmica: El control de la inteligencia artificial, la infraestructura de semiconductores y el procesamiento de datos masivos es el nuevo equivalente a la carrera nuclear.
Guerra Monetaria: Los intentos de desdolarización y la búsqueda de sistemas alternativos de pago transfronterizo tensionan las bases del sistema financiero internacional.
Guerra de Narrativas: La disputa por el control de la información y la percepción pública a través del entorno digital, fragmentando la psique colectiva.
3. La Ansiedad Sistémica: La Bioquímica de una Sociedad en Shock
Las crisis económicas no ocurren en el vacío; impactan de lleno en el sistema nervioso del individuo. Las presiones inflacionarias, la erosión del poder adquisitivo y el temor al desplazamiento laboral por automatización han generado una epidemia de hipervigilancia y fatiga existencial.
Cuando el entorno no ofrece certezas, el ser humano se repliega hacia el miedo o la apatía. La volatilidad del mercado se convierte en volatilidad emocional. La incertidumbre geopolítica se traduce en fragmentación social. Es en este punto donde la visión del liderazgo debe ir más allá del análisis financiero y adentrarse en la comprensión de la conciencia.
4. El Imperativo Estratégico: Generar Certeza desde Adentro
En una época de volatilidad estructural, pretender controlar las variables externas es una ilusión infantil. La verdadera fortaleza de las regiones, las instituciones y las personas radica en su capacidad de adaptación y resiliencia.
Frente al ruido de las potencias y la inestabilidad de los mercados, la respuesta no es la paralización, sino el retorno al centro:
A nivel macro: Consolidar regiones soberanas, productivas y cohesivas —como el Bajío— capaces de captar la relocalización de inversiones mientras garantizan desarrollo humano y paz social.
A nivel micro: Desarrollar el Conocimiento de Uno Mismo, la autogestión emocional y el pensamiento divergente para no ser presas del pánico colectivo.
El caos global es, en última instancia, un gran catalizador de madurez. Las crisis no son el fin del mundo, sino el final de una forma de ver el mundo. Quienes aprendan a leer la complejidad sin perder la templanza interna no solo sobrevivirán a la tormenta, sino que serán los encargados de diseñar el nuevo paradigma.
Hubiésemos pensado que las décadas de los noventa y principios del nuevo siglo alcanzarían para una etapa del proceso modernizador de México. Pero el proceso continúa, está en marcha y debe estar a la vanguardia, porque no hay otro camino para México, eso justamente por dinámica que ha generado la integración de mercados y con ello la región dinámica que implica América del norte entre dos socios estratégicos, la relación bilateral México-Estados Unidos. Bueno, y es que el panorama global actual está configurado por una intensa dinámica geopolítica y económica que se reconfigura donde mercados financieros se mueven al ritmo de guerras abiertas, tensiones proteccionistas y disrupciones tecnológicas.
En México, la construcción de un verdadero Estado democrático exige transitar hacia una nueva etapa: el liberalismo social basado en la democracia republicana. Este modelo se vuelve fundamental porque rompe los dos extremos que hoy asfixian a nuestra sociedad y devuelve el control de la vida pública al ciudadano común.
Por un lado, el exceso de mercado destruye el tejido comunitario. Cuando el capitalismo salvaje lo domina todo, se pierde la cohesión social; las personas quedan reducidas a meros clientes y el individuo vive únicamente atrapado en el círculo del consumo personal, olvidándose del bien común. Por otro lado, el exceso de Estado comete un error igual de grave: controla y somete la participación ciudadana. En este escenario, la ciudadanía queda atrapada y a merced de las dádivas de los programas sociales del gobierno, convirtiendo el derecho al desarrollo en un clientelismo político que no sirve al progreso real de las comunidades.
La democracia republicana con enfoque de liberalismo social equilibra la balanza. Pone al centro a la ciudadanía, entendiéndola no como clientes de una empresa ni como dependientes del gobierno, sino como sujetos activos de derechos y obligaciones con plena capacidad de decidir el rumbo de su nación.
¿Qué hacer?
Para romper esta doble trampa y activar el verdadero poder ciudadano, se deben tomar las siguientes acciones urgentes:
• Fortalecer la autogestión comunitaria: Impulsar proyectos locales independientes para que las comunidades generen sus propios recursos sin depender del control gubernamental.
• Exigir presupuestos participativos: Lograr que los ciudadanos decidan directamente el uso de una parte de los fondos públicos en sus colonias y municipios.
• Institucionalizar los programas sociales: Convertir los apoyos económicos en derechos universales protegidos por ley, evitando que se usen como herramientas de coacción electoral.
• Fomentar la educación cívica crítica: Educar desde la infancia en la participación, el debate público y la fiscalización del poder político y económico.
• Crear contralorías ciudadanas: Formar comités vecinales autónomos para vigilar de cerca las obras públicas y el uso transparente de los impuestos.
ERICK XAVIER HUERTA S.
ESTRATEGA GLOBAL DE CONCIENCIA Y DESARROLLO SOSTENIBLE
LÍDER DEL BAJÍO
Periodista • Consultor • Activista • Speaker Internacional Divergente
Consultor Certificado y Comunicador en Semiología de la Vida Cotidiana
Coach en Liderazgo y Transformación Humana
📍 Guanajuato | Querétaro | México
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