Celaya: La "Transformación" que se volvió Ceniza

Celaya: La "Transformación" que se volvió Ceniza

Por: Erick Xavier Huerta

La política en Celaya ha pasado de la tragedia a la infamia. En 2024, el asesinato de Gisela Gaytán no solo fue un crimen que sacudió al país, sino el combustible emocional que Morena utilizó para pavimentar su camino al palacio municipal. Hoy, con el poder en sus manos, los rostros de esa "nueva etapa" —desde el alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez hasta figuras legislativas como el diputado Antonio Chaurand o la diputada Moreno— parecen atrapados en el mismo laberinto de sangre que juraron desmantelar.

Es cínico, por decir lo menos, recordar cómo la actual administración y sus aliados legislativos canibalizaron el desastre del gobierno de Mendoza Márquez. Ayer, cada ejecución era una prueba de la "ineficacia panista"; hoy, cada negocio incendiado y cada balacera es, convenientemente, una "herencia" o una "circunstancia ajena". La vara con la que midieron al pasado les está golpeando el rostro, pero su respuesta no es la autocrítica, sino la simulación.

¿Qué dice el alcalde ante el caos de este domingo? El guion de siempre: mesas de seguridad, coordinación con la Federación y llamados a la calma mientras las farmacias arden. Mientras tanto, en el Congreso, el ejercicio de Chaurand y sus pares se percibe más como una oficina de trámites ideológicos que como un verdadero contrapeso que exija resultados. Se montaron en un triunfo nacido del luto, prometiendo un "detonamiento político" que solo ha detonado en las calles, pero en forma de explosivos y granadas.

La soberbia de creerse indispensables para el partido y el gobierno es el síntoma de un ego que se alimenta de granjas de bots y aplausos pagados en redes sociales. Mientras los "mercenarios digitales" fabrican una aprobación artificial, el ciudadano de a pie en Celaya se encierra bajo llave. No hay "likes" que alcancen para tapar el oprobio de una promesa de transformación que terminó siendo una continuidad agravada por la impericia.

¿Realmente creen que el partido los buscó para entregar este saldo? ¿Consideran que la militancia y la ciudadanía deben aplaudir la mediocridad disfrazada de esperanza? La actual administración de Morena en Celaya está demostrando que ganar una elección con base en la tragedia es sencillo; lo difícil, y donde han fallado estrepitosamente, es gobernar a la altura de la sangre derramada.

Celaya no necesitaba una nueva marca de gobierno para los mismos resultados; necesitaba una autoridad con vergüenza política. Hoy, lo que queda es el vacío de poder llenado por el crimen y una clase política que, lejos de servir, se sirve del caos para alimentar su propia sobrevivencia.


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