El Eje del Bajío: ¿La última aduana frente al caos?
El Eje del Bajío: ¿La última aduana frente al caos?
Por: Erick Xavier Huerta
La política mexicana no se mueve en línea recta, sino en ciclos de capitales y agravios. Mientras el oficialismo se fractura bajo el peso de su propia hegemonía, un fantasma recorre el centro del país: el renacimiento político del Bajío. No se trata solo de geografía, sino de una mística de gestión que hoy, ante el desgaste prematuro de la administración de Claudia Sheinbaum, coloca a Mauricio Kuri en una posición envidiable y peligrosa.
El tablero se ha sacudido. El anuncio de que "hay Kuri para rato" y su alianza estratégica con Pancho Domínguez no es un movimiento local; es un mensaje de guerra y reconciliación hacia el búnker del PAN nacional. La historia es cíclica: la fractura que Ricardo Anaya provocó al apropiarse del partido —expulsando capitales políticos y pragmáticos como Javier Lozano hacia el proyecto de Meade— fue el caldo de cultivo que Morena aprovechó para pactar con la vieja partidocracia. Pero ese modelo de "poder por el poder" hoy muestra fisuras: Morena carece de mística y sobra en conflictos internos.
En este escenario, Querétaro se erige como el contraejemplo. Kuri no solo lidera los rankings de aprobación ciudadana de Mitofsky, sino que ha logrado lo que parece imposible en el México de la polarización: un acuerdo social real entre gobierno, empresarios y sociedad civil. Mientras el país se pierde en la narrativa del conflicto, el Bajío —con Guanajuato, Aguascalientes y Jalisco como escoltas— apuesta por la vanguardia tecnológica y la eficiencia burocrática. Salir de la "oscuridad" institucional requiere resultados, no retórica.
Sin embargo, el Bajío enfrenta un asedio paradójico. Mientras sus indicadores locales brillan, sus fronteras y arterias vitales, como la carretera 57, sufren el embate de la delincuencia. Aquí es donde el análisis se vuelve quirúrgico: el deterioro de la seguridad en las vías generales de comunicación es, por mandato constitucional, una omisión del fuero federal. Kuri y sus pares han sabido blindar lo local, dejando en evidencia que el desorden nacional no es por falta de voluntad regional, sino por el abandono de la Guardia Nacional y la FGR en sus tareas de vigilancia. El Bajío está, en muchos sentidos, sitiado por la omisión del centro, pero su motor económico no se detiene.
El regreso de Pancho Domínguez para recuperar el PAN sugiere que la dirigencia de Jorge Romero es apenas una transición. El verdadero debate por el futuro del país se dará en la sucesión de Sheinbaum, quien llega a su proceso de revocación de mandato con el lastre de una violencia federal imparable.
Kuri ha sabido transitar con elegancia ante los ojos de López Obrador y Sheinbaum, respetando los tiempos institucionales. Pero el desorden del país es ya demasiado. Si la apuesta es la conciliación y el avance tecnológico frente al estancamiento, la ruta hacia el 2030 pasará por el corredor industrial que hoy se niega a claudicar. Kuri tiene los arrestos para generar la nueva opción; el Bajío es el mensaje, y el tiempo es el juez.
.png)
Comentarios
Publicar un comentario