El silencio es el cómplice: La urgencia de erradicar la esclavitud del siglo XXI
Hemos abordado que Estados Unidos de Norteamérica tiene una responsabilidad primaria con la paz, en su país, en la región, en el continente y en el mundo. Porque hay muchas problemáticas mundiales, pero antes de trabajar por las democracias del mundo, colaborando en orientación e implementación y ejecución de marcos que garanticen derecho, justicia y libertad, hay que obrar con el ejemplo. Porque en la región, en la frontera compartida con México hay tremendas problemáticas, de violaciones graves a los derechos humanos, de tráfico y trata de personas, corrupción, ilegalidad, violencia.
Hoy, hay un asunto que también hay que señalar, la trata de personas y la explotación laboral infantil que está ocurriendo en las ciudades emblema de los Estados Unidos de Norteamérica.
Se calcula aproximadamente que doce millones de niños se encuentran hoy día como esclavos. Hoy, debemos recordar esta misiva fundamental de acabar con la esclavitud en todo lugar, siempre, para siempre. Debemos tomar postura por la libertad y actuar ahora. Cincuenta millones de hombres, mujeres, y niños están siendo esclavizados ahora mismo. Hoy hay más esclavitud como nunca antes en la historia. La trata de personas es el abuso a niños, mujeres y hombres de sus cuerpos y trabajo. Esta es la esclavitud moderna. Todos podemos hacer algo al respecto para contribuir a que esto se acabe, a que esto termine.
Hay varias acciones que podemos hacer para contribuir a que esto ya no sea factor de vergüenza para nuestra época. Para terminar con la esclavitud moderna, es necesario impulsar la educación, movilizar a la comunidad y encontrar una solución global.
Tenemos que estar alerta ante los signos de esta problemática y para ello requerimos la comunicación, la enseñanza, la educación con padres de familia, con maestros, con escuelas, con gobiernos, con toda la sociedad civil para compartir la misma gama de valores que buscamos rijan nuestros destinos compartidos como miembros de comunidades de la humanidad. Somos una sola especie, una sola familia, la humanidad.
Todos tienen derecho a ser libres. Hay un crimen global de tráfico humano.
Bajo riesgo y alta rentabilidad. Más que nunca hay mucha gente expuesta y vulnerable a ser explotada por su cuerpo y trabajo. Vulnerabilidad, explotación, re-victimización. La trata de personas es un ciclo de violencia. Las víctimas requieren tratamiento holístico para recuperar su bienestar integral, recuperar la paz perdida.
Vivimos en un mundo que se jacta de sus avances tecnológicos, de la inmediatez de la información y de un discurso global sobre los derechos humanos. Sin embargo, en las sombras de esta modernidad, existe una realidad que contradice todo progreso: la trata de personas. Hoy, más de 12 millones de niños no son dueños de su tiempo, de su cuerpo ni de su futuro. Son, en términos crudos y dolorosos, esclavos. Ante esta tragedia, el activismo no es solo una opción moral; es un imperativo de supervivencia civilizatoria.
La trata de personas no es un evento aislado ni un vestigio del pasado; es un mercado transnacional que deshumaniza a los más vulnerables para convertirlos en mercancías. Cuando hablamos de millones de niños atrapados en el trabajo forzoso o el matrimonio servil, no hablamos de estadísticas, sino de infancias robadas. Cada cifra representa a un ser humano cuyo potencial está siendo sofocado por la explotación. El activismo contra la trata tiene como primer objetivo romper la invisibilidad: obligar a la sociedad a mirar donde prefiere ignorar.
Uno de los mayores desafíos en esta lucha es la normalización. A menudo, el sistema económico y social permite que los productos de la explotación lleguen a nuestras manos, o que la violencia de género se disfrace de tradición. El activista debe ser la voz que denuncia estas conexiones. Debemos entender que la trata prospera en la desigualdad, en la falta de acceso a la educación y en la desprotección de los migrantes. Por ello, combatir la trata exige atacar las raíces de la vulnerabilidad.
Sin embargo, el activismo no se limita a la denuncia. Se trata de construir redes de protección y resiliencia. Implica presionar por leyes más severas, pero también por sistemas de refugio y reintegración que traten a las víctimas con la dignidad que les fue arrebatada. La lucha contra la esclavitud moderna es una batalla por la libertad en su forma más pura: el derecho de cada niño a crecer en un entorno donde su valor no tenga un precio.
La existencia de 12 millones de niños esclavos es una cicatriz abierta en la conciencia colectiva. No podemos permitir que la indiferencia sea la respuesta al grito de quienes no tienen voz. El activismo es el puente entre la indignación y el cambio tangible. Porque mientras un solo niño permanezca encadenado a la explotación, la libertad del resto del mundo será, en el mejor de los casos, incompleta.
Hablemos.
Erick Xavier Huerta Sánchez
#ActúaAhora —Erick Xavier Huerta
Periodista, Consultor y Promotor de Desarrollo Sostenible
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