Estado de bienestar.

Estado de bienestar.




Hoy tenemos problemas que apuntan a solventar el hambre. En muchos lugares hay hambre, hay mala nutrición, pero también hay mala nutrición en grandes urbes modernas porque no hay paz interior. Esta obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares que buscan atender los gobiernos, levantan campañas millonarias para que la gente por su propia autogestión, prevenga de enfermarse porque es su responsabilidad alimentarse bien. En una ciudad moderna como Nueva York, encuentras de todo en comida, comprar la comida que necesites es fácil. En ciudad de México, es fácil, en Celaya, en Querétaro, en Guanajuato, vas a Wal-Mart, a Soriana, a Superama, a Costco, y hay para que compres lo que quieras y para que revendas si quieres, roscas de reyes, leche, huevos y crema. Pero no puedes comprar paz interior. A partir de la supervivencia comienza la vida. Una vez que se satisface esta situación del hambre, vienen más problemas. Muchos apuntan a que solo habría que trabajar por un bienestar material mínimo para las personas, para que puedan salir adelante. El asunto es que hoy en muchas partes del mundo, en muchas de nuestras comunidades, hay comida pero no hay alimento para el alma, atravesamos una crisis espiritual. La gente no concibe estar satisfecha solo yendo a misa, necesita mayor comprensión y ejercicios prácticos en su vida cotidiana para reconciliarse consigo mismo, producto de los traumas en la historia por haber encontrado una sociedad que de pronto marca que uno es poco satisfactorio en el mundo, pues mide el valor de un ser humano en función a su reconocimiento, popularidad en medios, cantidad de dinero, posesiones, control, poder, que es una creencia del imaginario colectivo, y este paradigma viene enfermando a las personas, las cansa y acaba con sus vidas. ¿Cuántas personas están muertas en vida? A partir de todo esto, no solo enfrentamos una situación de buscar comida para el estómago, sino la búsqueda del amor, por miedo a no recibirlo, la gente se enfrenta a situaciones exasperadas por ser amados, buscando llenar esta sensación de vacío de no sentirse amado, de no poseer el amor. En tanto, viene el grito desesperado, la frustración permanente, la angustia existencial, desesperarse al máximo o miserablemente pedir auxilio por amor. Buscar llenar esta sensación de vacío de amor, va por obtener más y más dinero, o poder, o fama, pero es por miedo, y en función al miedo vienen las consecuencias, los apegos, el aferramiento, la perdida mayor de la identidad de uno mismo porque uno de pronto se cree sus posesiones en el mundo que percibimos. 

Somos más que nuestros sentidos. 

También, el asunto más importante que enfrentamos es la violencia, producto de nuestra mala educación, nuestra mala orientación. Después de comer, hay violencia, y ya, haber comido no tiene sentido, ya no hay lugar para el amor. Tenemos que hacerlo realidad. Incluso en la desesperación por encontrar amor, se monta uno en la violencia, corrupción, mentiras, engaños, para poder sentir un poco de calma en un momento, aunque venga una relación que no es sincera, que solo busca sexo sin amor, el hecho de tener un contacto físico, o tener una fantasía de encontrar el amor confundiendo ello en la propia experiencia de perderse a uno mismo en la búsqueda de obtener amor, suele romperse pronto, e intuitivamente muchos lo pueden esperar, el amor que era una ilusión y no real. Ante tales calamidades, muchas personas dan por muerto el amor, o le consideran una ilusión, no es posible encontrarlo, vivirlo o experimentarlo, o tal vez sea solo una emoción evanescente, como estos estados de ánimo cambiantes que nos engañan al punto de no creernos en control de absolutamente nada, ni de nuestras decisiones ni de nuestro comando en nuestra propia conciencia para saber cómo responder frente a nuestra circunstancia, sea como sea. 

Erick Xavier Huerta S. 


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