Regreso a Casa

Ulises o Narciso: el destino o el reflejo



Ulises, héroe homérico, sabía algo esencial: su objetivo no era la gloria, ni el aplauso, ni la admiración de los dioses. Su objetivo era regresar a casa.

Ese conocimiento lo sostuvo frente a monstruos, tentaciones, naufragios y pérdidas. Cambiaron los escenarios, pero no el sentido. Su travesía fue ardua, sí, pero nunca dejó de ser un regreso.

Ulises sabía quién era, y por eso podía perderse sin extraviarse del todo.

Narciso, en cambio, nunca emprendió un viaje. Su tragedia no fue la distancia, sino la confusión. Al ver su rostro reflejado en el agua, creyó descubrir a otro. Se enamoró de una imagen que no comprendía y quedó atrapado en ella.

No murió por amar demasiado, sino por no reconocerse.

Mientras Ulises avanza hacia su destino, Narciso se detiene ante su reflejo.

Uno camina, el otro se contempla.

Uno regresa a casa, el otro se disuelve en la ilusión.

Esta diferencia no es mitológica: es profundamente humana.

Vivimos en una época que premia el reflejo más que el ser. La imagen, la validación, la apariencia, el reconocimiento externo. Como Narciso, muchos confunden su identidad con lo que proyectan, y su valor con lo que reciben de vuelta. Pero el reflejo nunca conduce a casa; sólo devuelve lo que uno pone delante.

Ulises no se mira para saber quién es. Lo sabe.

Por eso resiste el canto de las sirenas: no porque no sea hermoso, sino porque no es su destino.

Por eso soporta la espera, la soledad y la incertidumbre: porque tiene una dirección.

Quien sabe lo que es, no necesita enamorarse de su imagen.

Quien conoce su propósito, no se pierde en la seducción del aplauso.

El problema no es mirarse, sino quedarse ahí.

El problema no es reconocerse, sino confundirse.

Narciso creyó que el reflejo era otro; Ulises sabía que el hogar era suyo.

Tal vez la pregunta decisiva no sea: ¿quién soy?

sino: ¿hacia dónde regreso cuando todo se derrumba?


Porque al final, sólo hay dos formas de perderse:

olvidando quién eres,

o creyendo que eres sólo lo que se ve.



Erick Xavier Huerta

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