Celaya: ¿Qué pasa con la política de pureza de Ramírez?
Celaya: ¿Qué pasa con la política de pureza de Ramírez?
—Cuando la incongruencia política se convierte en crisis. La farsa, la simulación, la mentira, el engaño y la traición.
Hablemos.
La crisis de la partidocracia en México ha convertido al sistema político en un monopolio asfixiante, donde los partidos operan como agencias de colocación de empleo y franquicias de impunidad orientadas únicamente a la captura de rentas públicas. En este ecosistema putrefacto, las ideologías originales han sido devoradas por un pragmatismo cínico que normaliza el transfuguismo, las alianzas contra natura y el reciclaje de personajes impresentables, provocando un profundo asco ciudadano ante un esquema que sobrevive gracias a un millonario financiamiento público que extrae de la sociedad que dice representar.
Ante tal degradación, la persistente aspiración de un ciudadano por participar en este sistema no nace de la ingenuidad o la validación de sus vicios, sino de la urgente necesidad de supervivencia democrática; es la resistencia de quien entiende que el vacío político dejado por los perfiles íntegros es ocupado de inmediato por la corrupción, convirtiendo la participación en la única trinchera legal disponible para intentar arrebatar el control institucional de las garras de las cúpulas y forzar, desde las entrañas del monstruo, una rendición de cuentas que el sistema por sí solo jamás otorgaría.
Celaya no solo sufre un gobierno ineficaz; también padece una forma de hacer política que apesta porque se alimenta del miedo, la simulación y el castigo indirecto a la participación ciudadana. Cuando desde el poder se normaliza el control, se intimida a quienes quieren participar y se manda el mensaje de que involucrarse en la vida pública puede costar caro, entonces la política deja de ser espacio de representación y se convierte en territorio de inhibición.
Eso es particularmente grave en una ciudad donde la inseguridad ya ha contaminado la conversación pública y donde la participación ciudadana debería ser precisamente la respuesta para reconstruir confianza, no una víctima más del clima político. Si un gobierno presume transformación mientras desanima, presiona o desgasta a la ciudadanía para que no cuestione, no se está fortaleciendo la democracia: se está vaciando.
Además, este gobierno no solo ha mostrado ineficacia; ha contribuido a apestar la política al infundir miedo, desalentar la participación y convertir la vida pública en un terreno donde muchos ciudadanos prefieren callar antes que involucrarse. En una ciudad herida por la violencia y la desconfianza, eso equivale a mutilar la posibilidad de reconstrucción democrática. Gobernar no es intimidar ni domesticar a la sociedad; gobernar es abrir cauces para que la gente participe sin temor.
La peor derrota de un gobierno no es solo no resolver los problemas: es lograr que la gente le tenga miedo a participar. Y si la Cuatrote en Celaya ha terminado por convertir la política en un espacio de temor, entonces no está transformando la ciudad; la está sofocando.
Ningún ciudadano tiene la obligación de colaborar y trabajar con el gobierno de Juan Miguel Ramírez Sánchez. Ningún ciudadano tiene por qué acatar servir de aplaudidor y zalamero de su gobierno. Ningún ciudadano tiene la obligación y el deber de participar en las filas de su partido político acatando servir al fanatismo, al dogmatismo y a los padrinos mafiosos políticos que se han apoderado de burocracia y partido. Podemos hablar de sus capitales, que en principio trabajaron para un PRD corrupto en Cortazar Guanajuato, y hoy los tiene en sus filas.
Podemos hablar de la pureza de sus funcionarios. Comencemos por sus principales aliados, el señor Chaurand. Que en principio le dijo a Ramírez que obedeciera a servirle a su aspiración a la presidencia de Celaya, porque ya tenía acuerdo con Ernesto Prieto para ser el candidato en 2021, y se le cayó la promesa cuando Emmanuel Reyes puso mano y acuerdo con Prieto en la paridad de candidaturas y no poner en riesgo la reelección de César Prieto en Salamanca pues habían designado que sería mujer la candidata, así se acabó la aspiración de Chaurand. Y así acabó la aspiración de Ramírez, que en ese momento quería solamente ser regidor, el primero en la planilla, para entrar a gusto, y de manera confiable. Pero no se dio. La política es ingrata en México.
Mira Juan Miguel Ramírez Sánchez, que López Obrador, empezó en el PRI, luego como no lo dejaron ser candidato, se pasó al PRD, y ahí luego que no lo dejaron ser candidato se hizo de morena al amparo del poder que ejerció y controló en el PRD. López Obrador enseñó que si no te dejan participar en un partido político, te vayas a otro, y si se pone imposible el asunto, hagas uno propio. Pero en morena se dijo que las cosas serían diferentes, que no habría camarillas ni pandillas y mira cómo te manejas en tu administración. Observa el reflejo, en el espejo.
La dinastía Chaurand comenzó con Antonio Chaurand Yépez, que murió a los 87 años y fue presidente municipal de Celaya por el PRI en la década de los sesenta. El Padre de Yépez, José Chaurand Concha fue presidente por el PRI también cuando su hijo Antonio tenía 22 años.
Ahora, Antonio Chaurand Sorzano, hijo de Chaurand Yépez y nieto de Chaurand Concha fue candidato a presidente municipal en 2015 por morena. Y luego, después de eso, se le ocurrió integrarse a la administración local del PAN como Director del Instituto Municipal de Arte y Cultura. A pesar de esta cosa que resultaría una infamia para morena, fue seleccionado y registrado otra vez ante autoridades correspondientes como candidato electo de morena a la alcaldía en 2021. Sin embargo, como hemos dicho, a escasas horas de iniciar formalmente las campas en el mes de abril, la dirigencia nacional de morena lo bajó de la candidatura por criterios obligatorios de paridad de género dictados por el IEEG, Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Lo traicionaron y no le cumplieron la promesa. En su lugar quedó como candidata Carmen Castejón Mata para perder la elección.
El gobierno fantástico de Juan Miguel Ramírez Sánchez en Celaya, se presume de pureza eterna, y nadie de su gabinete ni de sus principales socios serían malos ejemplos ni tampoco incitan a mentir, robar ni traicionar. No incitan a ser chapulines. Son los maestros de la lealtad. Para amplios sectores de la militancia de izquierda en Celaya, la incorporación de Antonio Chaurand Sorzano como director del Instituto Municipal de Arte y Cultura (IMACC) bajo el gobierno panista de Ramón Lemus Muñoz Ledo (2015-2018) fue catalogada como una abierta incongruencia política y una entrega de principios frente al bloque opositor.
Desde una óptica estrictamente crítica y de lealtad partidista, se le recriminó el haber aceptado un cargo de designación directa apenas meses después de haber abanderado a Morena como su candidato a la alcaldía, interpretándose este movimiento como un pragmatismo individualista que desdibujó la frontera ideológica entre la llamada “Cuarta Transformación” y el conservadurismo local.
¿Este legado debemos seguir? ¿Ser candidatos de morena y pasarnos a trabajar al gobierno del PAN? ¿Eso es lo que premian? ¿Recuerdan a Emmanuel Reyes Carmona que fue candidato del PAN y de MC y del PRD y ahora fue premiado con morena para que todas las candidaturas y puestos y favores sean para su familia, cuates, socios? ¿Qué pasa con su principal socio Ricardo Sheffield que estuvo toda su carrera política en el PAN y se pasó a morena a servirse con la cuchara grande?
Hablemos de Daniel Nieto. El secretario del Ayuntamiento que preside Ramírez. Que cuenta con la amistad de la familia del presidente municipal y además es esposo de la actual diputada Edith Moreno. En 2018, Daniel Nieto hizo campaña en contra de López Obrador, de morena. ¿Por qué? Él se consideraba independiente, porque no confiaba en los partidos políticos. Porque los partidos políticos estaban apestados. Pero ahora, morena le dio la secretaria del ayuntamiento, y está casado con una diputada también de morena. Gracias a morena obtuvo el poder y la familia. Qué ironías de la vida. Bueno, además de todo, hoy Chaurand es compañero de Edith en el congreso, en la fracción parlamentaria de morena en Guanajuato. Bien.
Ahora. El periodista, locutor, deportista José Xermán Vázquez, fue diputado por el partido laborista mexicano. Luego fue candidato, en contra de morena por el Partido del Trabajo como candidato a la presidencia municipal de Celaya. En 2021 fue designado como director de parque fundadores 450.
El cobijo de Xermán Vázquez Alba dentro de la actual administración morenista de Juan Miguel Ramírez Sánchez encarna una de las contradicciones más cínicas del llamado pragmatismo electoral, desnudando la simulación de un gobierno que se promociona como un bastión de pulcritud, lealtad y rectitud política. Resulta un insulto a la congruencia partidista y a la militancia de izquierda que un personaje que en 2021 operó y compitió abiertamente en contra de Morena, y que posteriormente sirvió sin reparos ideológicos al gobierno panista de Javier Mendoza Márquez, sea premiado hoy con puestos directivos por el mismo alcalde que impidió la reelección del PAN. Esta alarmante falta de memoria histórica y rigor ético demuestra que la retórica oficial de la “esperanza” y la transformación se doblega con facilidad ante el compadrazgo tradicional, reciclando de manera absurda a los mismos operadores de la oposición y evidenciando que, en el ejercicio real del poder local, las convicciones ceden su lugar a la pura conveniencia burocrática. Y tú Ramírez, que te crees el gobierno más puro, das cuenta de trayectorias de muchos que han estado en diferentes partidos y no solo en morena. Ya ves que ese fue un error en el PRD y ahora ha sido un error más garrafal en morena, el integrar los defectos conjuntos de toda la partidocracia en uno solo.
La realidad política de Celaya, Guanajuato, se ha convertido en el reflejo de una profunda crisis de gobernanza y gobernabilidad, donde la ciudadanía queda atrapada en medio de alarmantes incongruencias partidistas y promesas de cambio sistemáticamente rotas. El municipio arrastra un historial de administraciones que, sin importar el color de sus siglas, priorizan el pragmatismo electoral y el reciclaje de operadores políticos por encima de un proyecto técnico y ético de largo plazo. Esta falta de rumbo institucional fractura la confianza ciudadana, pues mientras el discurso oficial promete transformaciones de raíz y pacificación, la ejecución real del poder se pierde en pugnas internas, cuotas burocráticas y una evidente incapacidad para coordinar políticas públicas efectivas. La ausencia de una verdadera visión de Estado y la desconexión de las cúpulas con las necesidades más urgentes de la población mantienen a Celaya en un estado de vulnerabilidad institucional, donde la simulación política desplaza por completo al buen gobierno.
La “Cuatrote” de Celaya está entre la propaganda trimestral y la cruda realidad del Bajío. Celaya vive atrapada en un peligroso juego de espejos. Desde el Palacio Municipal, el alcalde Juan Miguel Ramírez Sánchez insiste en revestir su gestión con los ropajes sagrados de la llamada “Cuatrote”, recurriendo a un incesante desfile de informes trimestrales que, más que rendición de cuentas, operan como un burdo aparato de propaganda ideológica e institucional. El libreto nacional se repite de memoria: hablar del “pueblo”, presumir “abrazos” en forma de becas y colgarse del eslogan oficial de que la esperanza ha llegado al municipio. Sin embargo, detrás del maquillaje de la retórica obradorista, la ineficacia gubernamental ha convertido a Celaya en el ejemplo vivo de cómo se puede naufragar imitando un discurso.
El flanco más doloroso y evidente de este colapso es el de la seguridad. Mientras el presidente municipal asegura con ligereza frente a los micrófonos que “Celaya está muchísimo mejor”, e incluso llega al extremo de deslizar que el problema real no son los robos sino el hecho de que la prensa los cuente, la ciudadanía padece una realidad asfixiante. Intentar tapar el sol con un dedo es una afrenta para los comerciantes que siguen pagando el costo de la extorsión o para las familias que ven cómo la delincuencia se mantiene enquistada en el territorio. La narrativa de la pacificación choca de frente con escándalos que revelan la vulnerabilidad de la propia administración, como el tardío y polémico reconocimiento del propio alcalde de haber sido conducido “con engaños” a reuniones con el crimen organizado antes de asumir el cargo, un episodio que en lugar de proyectar transparencia, dejó una profunda estela de desconfianza sobre el verdadero control del municipio.
Por si fuera poco, la ineficacia no solo se traduce en balas y patrullaje deficiente; también se arrastra en la incompetencia técnica para gestionar el desarrollo urbano. El “profe” Ramírez ha justificado la falta de obra pública de impacto acusando un supuesto “complot estatal” o un “maltrato histórico”. Sin embargo, la realidad de ventanilla expone otra cosa: una preocupante incapacidad del equipo municipal para integrar proyectos ejecutivos con la rigurosidad técnica necesaria para bajar recursos. Al amparo de la pureza ideológica, se ha desdeñado la capacidad de gestión gubernamental, dejando a Celaya rezagada frente al Banco de Proyectos del estado. Quien no sabe gobernar con planeación, difícilmente puede traer bienestar a sus gobernados.
Finalmente, la llamada “unidad de acción” de Morena en Celaya se desmorona en un Cabildo convertido en ring de boxeo. Las disputas mediáticas e internas —como el grotesco intercambio de insultos entre el secretario del Ayuntamiento, Daniel Nieto, y regidores del propio partido de Morena a raíz de un viaje a Nueva York— evidencian que el proyecto local carece de brújula y de liderazgos maduros. Más preocupados por sus legítimas pero tempranas ambiciones sucesorias y por medir quién tiene más peso en el gabinete, los funcionarios de primer nivel juegan a la política cortesana mientras las calles del municipio exigen orden. Presumir la “Cuatrote” en los discursos es sumamente fácil; gobernar una de las ciudades más complejas del país con eficacia, transparencia y resultados tangibles, requiere un tamaño político que la actual administración municipal simplemente no ha sabido demostrar.
Tiempo de crecer.
ERICK XAVIER HUERTA S.
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