Autonomía y gobiernos de la gente y no del pueblo. De Lincoln a García. Del pueblo a la gente. Criterios óptimos. Hablemos de democracia republicana.

 Autonomía y gobiernos de la gente y no del pueblo. De Lincoln a García. Del pueblo a la gente. Criterios óptimos. Hablemos de democracia republicana. 
¿Qué pasa? Rumbo a la verdadera regeneración nacional. 



Fui invitado a participar este domingo 20 de septiembre, a la toma de protesta del nuevo comité ejecutivo estatal de la Federación Autónoma de Trabajadores y Empleados de Guanajuato que encabeza ahora Gerardo Fernández González para el período 2026-2032.

El evento estuvo liderado por Pedro Haces, líder de CATEM y diputado federal de la LXVI legislatura, junto a la gobernadora del Estado, Libia Dennise.

El evento fue una conglomeración de poder político en la entidad. Políticos de todos los partidos asistieron, congresistas locales, federales, familiares de alcaldes, hijos de diputados ahí estuvieron. El pronunciamiento por parte de Haces fue claro, que CATEM es una organización autónoma, y reconoce la labor de la presidenta de la república, Claudia Sheinbaum, y que reconoce la labor de la gobernadora, Libia en Guanajuato. Porque hoy, el clamor del pueblo es por la paz y por la unidad. Porque sin paz no hay democracia y porque no hay democracia sin paz, hay que tenerlo claro.

Esta autonomía que presume CATEM, ha generado conflictos, controversias, porque mucha clase de representantes en el Estado, en la burocracia y en partidos, quieren condicionarle, marcarle chantaje, convertirle en lacayo como se acostumbra en la desgracia política. En tanto, vale la pena hacer algunos apuntes para estar advertidos de lo que está aconteciendo que suma a desvirtuar el sentido político en una misiva que tenemos como pueblo mexicano: «edificar una república democrática».

La soberanía se ha venido debilitando justamente por eso, por falta de claridad y por dolo de personajes abusivos que quieren secuestrar el poder público. Esto es un agravio. Y hoy, en una misiva de progresar es importante tener presente la sinergia positiva que debe implicar la relación de empresarios con trabajadores y gobierno. Más, si en realidad queremos la verdadera regeneración nacional. Más, si la soberanía ha quedado lastimada por los criminales que extorsionan a empresarios, que obligan a comerciantes a cerrar sus negocios por violencia, que obligan a trabajadores a buscar en otro país las oportunidades que no encuentran para el desarrollo de su ser y familia por falta de soberanía, por ausencia de Estado porque su debilitamiento es en función a la desarticulación de la sociedad civil.

El Estado está débil. Pero la fuerza de la nación estriba en sus lazos sociales. Pero no ha existido fuerza en los lazos de la sociedad, porque se ha perdido sentido de pertenencia y se ha perdido autonomía, por el abuso de poder.

Mis amigos, hoy se insiste en la misma retórica vil y mezquina en Guanajuato. Preocupa y consterna más que haya actores que presumen de representar ya un organismo autónomo para que el Estado se fortalezca, para que haya mayor eficacia en el gobierno, pero apelando malamente a que el gobierno se debe a la gente.

Debieran tener cuidado los que han buscado autonomía en su organización popular, a que uno “de los suyos” hable confiriendo poder al gobierno de la gente, pues implicaría la connotación de anticipar que se pone bajo el yugo del interés de una camarilla que quiere que el gobierno atropelle y pase por encima de los derechos humanos y de la soberanía. Cuidado.

Creo que es importante advertir que nuestros representantes hagan uso correcto de nuestra constitución y del término político, porque es agravio y advierte con qué fin están utilizando un pronunciamiento y lema hoy en Guanajuato de ser gobierno de la gente. Porque te digo, la nación tiene pueblo y no gente.

Guanajuato existe porque tiene un pueblo, no gente.

Hoy lo que buscamos y queremos en México y en Guanajuato es recuperar la soberanía. Y esta fue la principal premisa del mensaje de participar en la organización civil, paz en la vida laboral, paz en la empresa, paz en la familia, unidad y paz para que haya democracia, porque no hay democracia sin paz, porque no hay paz sin democracia. Queremos la soberanía y la justicia para hacer realidad la libertad.

Indudablemente, si queremos abatir la pobreza en nuestro país, se requiere recordar que la soberanía y la justicia son los principios fundacionales de nuestra nación. De su consecución depende nuestra permanencia como pueblo.

Por nuestra soberanía, se implica querer un Estado y que este sea legítimo para poder decidir aquí, con normas, con reglas y que estas sean efectivas. Recordemos pues que la soberanía reside en la nación, no en el Estado. El soberano es el pueblo, no la gente. Por eso es muy peligroso estar escuchando que autoridades, representantes, actores que dicen ser autónomos del estado, dicen que cooperan o están en favor del gobierno de la gente. Es decir, anuncian que no tienen legitimidad porque no hay organización, que no hay organización que brinde legitimidad. Amigos, la legitimidad del Estado la otorga la sociedad organizada cuando un sistema es justo, y significa que ese poder se ejerce por el pueblo y para el pueblo, si en verdad queremos estar edificando el ideal de la democracia republicana. Porque sin consenso hay tiranía.

Este error, aparentemente inocente, indica buscar desarticular la participación, justificado en la narrativa por premisas retóricas aberrantes, de falacia de la delegación absoluta, cuando la autoridad asume erróneamente que, al haber sido electa o nombrada, el pueblo le otorgó un “cheque en blanco”, pues la retórica asume que el poder ahora les pertenece a ellos y que el ciudadano es solo un espectador pasivo. Y con ello, justifican la exclusión argumentando que el ciudadano no entiende, los procesos técnicos, o simplemente ignoran las peticiones para mantener el control.

El artículo 39 de la constitución política de los Estados Unidos Mexicanos es la base del contraargumento a esta mezquindad. La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Invito al gobierno de Guanajuato a leer la constitución de México.

Amigos, todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este.

El gobernante es un mandatario, no un amo. En el derecho, el mandatario es quien ejecuta las órdenes del mandante, el pueblo. La autoridad no tiene poder propio, es un simple administrador temporal de una facultad ajena. La participación no es una concesión, es el origen. La constitución no ve la participación ciudadana como un “favor” que el gobierno otorga, sino como el mecanismo indispensable para que el poder siga siendo legítimo. Desarticularla es por definición un acto inconstitucional.

Queremos que recapacite la autoridad.

Le recuerdo al gobierno de Guanajuato y a todo personaje que se jacte de coadyuvar a la responsabilidad republicana y democrática, que de acuerdo al artículo 39 constitucional, el poder que ostentan no les pertenece, les fue conferido por el pueblo para servir al pueblo. Actuar con negligencia, ignorancia o dolo para bloquear la participación ciudadana no es solo un error administrativo, es una contradicción retórica y jurídica a su propia razón de ser. Al desarticular la voz de los gobernados, la autoridad rompe el pacto constitucional, destruye su propia legitimidad y se coloca en la ilegalidad. Le exigimos recapacitar, gobernar de espaldas al pueblo es traicionar el origen de su mandato.

En términos constitucionales y de teoría del Estado, la nación está integrada por un pueblo y no por gente. Esta distinción es fundamental porque ambos conceptos tienen implicaciones jurídicas y políticas completamente diferentes. El pueblo es el término jurídico y político. Es el sujeto de soberanía, aunque suene reiterativo, debe quedar claro, el pueblo es la totalidad de los ciudadanos que integran el Estado y en quienes reside la soberanía nacional. Es el cuerpo político capaz de crear o modificar una constitución.

Los miembros están unidos por un lazo legal y político de nacionalidad y ciudadanía, que otorga derechos y obligaciones. La identidad es compartida, porque el pueblo comparte un proyecto político común, un sentido de pertenencia y una historia compartida, organizados bajo un mismo ordenamiento constitucional.

La gente es un concepto abstracto, numérico, de mera acumulación. Gente es un sentido puramente numérico, grupo de individuos o masa de personas que coinciden en un espacio y tiempo, sin unidad política. No implica organización, derechos políticos compartidos ni un vínculo jurídico formal de soberanía. Un grupo de turistas en un país, son gente, pero no forman parte del pueblo, de esa nación en términos constitucionales.

Amigos, lo que queremos es una nueva etapa, para despojarnos del yugo del miedo, y para ello se implica que haya ciudadanos participativos, de conciencia crítica y autónomos del Estado.

Nadie hará por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos.

Erick Xavier Huerta

Erick Xavier Huerta S.
Consultor, comunicador y promotor de desarrollo humano y sostenible.
Participante en la vida pública desde una agenda de paz, conciencia cívica, desarrollo regional y fortalecimiento comunitario.

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