El “Pueblo Único” contra la Sociedad: Cuando la Soberanía se Convierte en Exceso
El “Pueblo Único” contra la Sociedad: Cuando la Soberanía se Convierte en Exceso
Apelar al Artículo 39 constitucional para centralizar el poder no es democracia; es la anulación de la pluralidad civil.
Cuando el Artículo 39 de la Constitución Mexicana reza que “todo poder público dimana del pueblo”, nos entrega la llave de la legitimidad democrática. Es una frase hermosa, potente y fundacional. Sin embargo, en el tablero político actual, esta misma premisa se ha convertido en el boleto de entrada para el exceso de poder.
¿Cómo es que una herramienta diseñada para liberar al ciudadano termina utilizándose para acallarlo? La respuesta está en la preocupante mutación semántica del concepto “pueblo”.
La trampa del absolutismo popular
El riesgo de apelar a la máxima de que el poder emana del pueblo surge cuando los gobernantes asumen que el “pueblo” es una entidad monolítica, uniforme y con una sola voz. Bajo esta lógica populista, el líder se asume como el único intérprete legítimo de esa voluntad. Si el gobernante es el pueblo, y el pueblo lo es todo, entonces cualquier límite constitucional o contrapeso institucional empieza a verse no como una garantía democrática, sino como un obstáculo para la “voluntad popular”.
Es ahí donde el constitucionalismo se pervierte. Se utiliza la constitución no para limitar al poder —que es su propósito histórico original—, sino para justificar su expansión desmedida. “Lo hago porque el pueblo me lo mandata”, se convierte en el escudo perfecto contra la rendición de cuentas.
El olvido deliberado de la Sociedad Civil Organizada
Al masificar la idea de un “Pueblo Único”, ocurre una de las mayores injusticias de las democracias modernas: el borrado sistémico de la **sociedad civil organizada**.
La sociedad real no es una masa homogénea que se expresa únicamente cada tres o seis años en las urnas. La sociedad es diversa, fragmentada y activa. Se compone de colectivos de búsqueda, organizaciones de derechos humanos, defensores ambientales, cámaras de comercio, barras de abogados, sindicatos y observatorios ciudadanos.
Cuando el poder se excede justificándose en “el pueblo”, estas organizaciones pasan de ser aliadas del Estado a ser catalogadas como “enemigas” o “intermediarias innecesarias”. El argumento oficial suele ser que estas causas sectoriales fragmentan la supuesta unidad nacional. Pero la verdad es otra: la sociedad civil organizada estorba porque fiscaliza, porque tiene datos propios y porque no se alinea ciegamente a una sola narrativa.
Recuperar el sentido de la Constitución
Apelar al origen popular del poder no debería servir para concentrar funciones, debilitar al arbitraje electoral o desmantelar al Poder Judicial. Al contrario: si el poder dimana del pueblo, el marco constitucional existe precisamente para proteger a ese pueblo —en toda su pluralidad— de los abusos de sus propios representantes.
Aquí analizaremos el derecho no como un dogma de fe para el gobernante en turno, sino como la trinchera ciudadana que impide que la abstracción del “pueblo” termine por devorar a la sociedad viva.
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Erick Xavier Huerta| Analista y defensor del constitucionalismo democrático. Exploro los límites del poder, los riesgos del absolutismo popular y la importancia vital de la sociedad civil organizada.

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