México no crecerá si no se desarrolla: la urgencia de reconstruir el país desde la formación
México no crecerá si no se desarrolla: la urgencia de reconstruir el país desde la formación
En México, hablar de crecimiento económico se ha vuelto un lugar común. Se celebra el aumento del PIB o la captación de inversión extranjera directa como si eso, por sí solo, bastara para resolver los enormes desafíos estructurales del país. Pero esta lógica está equivocada. No habrá crecimiento económico sostenido si no va precedido —y sostenido— por un desarrollo económico real, uno que vaya mucho más allá de indicadores y estadísticas.
El desarrollo económico implica crear condiciones estables y justas para el bienestar colectivo: salud, educación, Estado de derecho, infraestructura de calidad, respeto ambiental, paz social y, sobre todo, una ciudadanía formada, no solo capacitada. Y es aquí donde radica una de las fallas más profundas y menos discutidas de nuestro modelo de país.
Durante años, se ha apostado por una educación enfocada en la capacitación técnica y laboral, en enseñar “habilidades” para insertarse en el mercado. Si bien eso tiene valor, se ha hecho a costa de la formación ética, cívica y humanista. Se ha olvidado que educar no es solo preparar para el trabajo, sino también formar personas con principios, valores, sentido crítico y compromiso social. Esta omisión no es menor: ha contribuido a la descomposición del tejido social que hoy padecemos.
La violencia, la corrupción, la desconfianza institucional y el individualismo extremo no se resuelven solo con más empleos o mejores salarios (aunque también son necesarios), sino con una reconstrucción del sentido común compartido: valores, empatía, responsabilidad colectiva. En esto, la educación tiene un papel central. Sin formación, no hay ciudadanía; sin ciudadanía, no hay república; y sin república, el desarrollo es inviable.
A este panorama se suma el ambiente de crispación política permanente que atraviesa al país. Desde el poder y desde las oposiciones se alimenta una polarización tóxica que inhibe la cooperación, bloquea los acuerdos mínimos y genera incertidumbre. La confrontación constante desgasta las instituciones, asusta las inversiones, y paraliza la innovación y la iniciativa privada.
Una economía no florece en medio de la desconfianza ni del encono político. Y un país no se desarrolla cuando sus ciudadanos están divididos, desinformados o desmoralizados. El crecimiento económico requiere estabilidad política, visión de futuro, inversión en educación integral y una clase política capaz de dialogar, no solo de confrontar.
México necesita urgentemente una política de desarrollo con rostro humano, basada en instituciones fuertes, una educación que forme ciudadanos plenos, un ambiente de paz social y una economía que crezca para todos, no solo para algunos. Mientras sigamos priorizando la capacitación técnica sobre la formación ética, y el pleito político sobre el consenso democrático, no habrá desarrollo. Y sin desarrollo, el crecimiento será siempre frágil, desigual y excluyente.
Erick Xavier Huerta
Periodista, Consultor y Promotor de Desarrollo Sostenible
Premio Nacional de Liderazgo
#ActúaAhora
Consultor en Semiología de la Vida Cotidiana | Coach en Liderazgo
Socio Consultor en 'The John Maxwell Team' | Maestro e Instructor en la filosofía de Sana Tu Vida de Louise L. Hay
Agencia 'Transfórmate' Consultoría & Coaching
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