Mensaje de nuevo ciclo. Una responsabilidad compartida, nuestra convivencia.
Mensaje de nuevo ciclo.
Tiempo transcurrido, momentos de reflexionar por todo lo que ha pasado y por todo lo que ha sucedido, en ello se basa nuestra esperanza.
¿Con qué tanto fervor y confianza esperamos lo que viene en el futuro inmediato?
Si no hay confianza en el presente, no habrá confianza en el futuro. En tanto, a eso nos debemos comprometer con responsabilidad para hacer lo conducente en que nuestra colectividad y nuestro sentido comunitario vaya en beneficio de compartir la confianza para alcanzar los objetivos que tenemos en común por nuestro bienestar personal.
Lamentablemente, la crisis de confianza y credibilidad en nuestras instituciones que deben fundamentar la existencia de nuestra república democrática, han venido a menos por la mala implementación y ejecución de políticas públicas, que solo han osado en justificarse en base a la intolerancia, el miedo y la frustración a temer perder el poder que se ganó y que se confirió esperando un buen cambio para la vida de la convivencia democrática de nuestro país. Debido a ello, hoy los retos son aún más apremiantes. No se han solucionado desacuerdos y estos parecen ir en función de alimentar más la barbarie que mina nuestro sentido de convivencia.
Hoy vale la pena reflexionar en torno a nuestros propósitos compartidos para edificar nuestro presente como nación, pues en los fundamentos de nuestra convivencia, la diversidad es crucial para sabernos resilientes y trascendentes ante cualquier escenario, pues ahí radica nuestra fortaleza como comunidad. Hoy, es triste ver en nuestros tiempos que ha venido imperando el auge de la barbarie, la violencia como consecuencia, la intolerancia, la imposibilidad al diálogo, cosa que ha venido generando extenuantes estragos de hartazgo y desencanto en la sociedad cuando ve que en su representación no hay comportamiento cabal, e impera la mentira, el engaño, la traición y por consecuencia, vienen los extremismos, los radicalismos y los dogmatismos y los populismos.
Hoy, no perdamos de vista que el compromiso de la nación es trabajar en función a la mayor integración del continente, y por ende, de nuestra región, para capitalizar el progreso de nuestras comunidades. La colaboración de la región repercutirá en un mejor bienestar del continente. Hoy apremia, más en los tiempos convulsos donde tenemos latentes registros del estrés geopolítico y esta crisis de multilateralismo. Ahora la perspectiva histórica, nos ayuda a observar la corrupción que ha continuado llevando a menos el funcionamiento de nuestras instituciones, responsabilidad compartida por los representantes que han venido ejerciendo cínicamente actos de abuso de poder, mucho en base a su desesperación descontrolada por buscar mantenerse en el poder a toda costa, dejando de lado todo valor para regir la conducción de los esfuerzos colaborativos para poder producir y alcanzar los resultados que esperamos y verlos traducidos en nuestra idea de progreso de vida digna en nuestras comunidades. No podemos dar por sentado nada. Si queremos libertades, debemos construirlas, ser consciente de su sentido y propósito, en proporción a la magnitud de calidad de vida a la que aspiramos tener en el sentido de nuestra república; esto incluye la tolerancia, la diversidad como facultad de nuestra resiliencia, y preservar los objetivos por la descentralización, el pluralismo político y la prosperidad en función a la inminente apertura que debe haber al exterior para enfrentar los retos compartidos en bien de nuestra humanidad, por buscar erradicar la pobreza juntos, dar acceso a vivienda, mejorar los precios, costos y accesos al consumo para la vida digna, para emprender, para crear riqueza, para cuidar de nuestro mundo natural y dejar de tener miedo al avance tecnológico. Hay que estar atentos para no caer en la barbarie, para no permitir quedar bajo el yugo del miedo.
Hoy, en estos tiempos de ausencia de liderazgos, hay que estar a la altura de las circunstancias, para sumar voluntades a la responsabilidad de asumir la mejor actitud para poder marcar la diferencia en nuestras comunidades, es decir, de poder conscientemente, establecer acciones para dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos. Pero para ello, en el sentido del fundamento de nuestra comunidad, siempre debemos tener presente que para resolver nuestros problemas internos y externos como nación es imprescindible que tengamos visión, perseverancia y voluntad. Recordemos que la raíz de todo proyecto compartido es la convivencia. En cualquier país, en cualquier comunidad, desde nuestra trinchera hay que sumarnos a recordar esta premisa básica universal, la convivencia como raíz del proyecto común que buscamos compartir para dar sentido a la existencia de nuestra humanidad. Esta convivencia implica confianza, hoy bastante perdida en nuestras colonias y vecindarios, en nuestros estados, comunidades, en nuestra región continental. Si no hay confianza, no habrá convivencia que sirva para resguardar la república y su democracia, y eso implica tener siempre atención con especial énfasis en el diálogo empático y tolerante, porque sin esos elementos damos paso a la violencia, a la barbarie, a la confrontación que da paso a lo que no queremos, los actos terroristas, los radicalismos, extremismos y populismos.
Damos por sentado, que nuestra convivencia nacional se da por automático, y por esa desfachatez, y a veces por el propio hartazgo de la corrupción imperante en la sociedad, es más fácil acudir a resguardarse en el miedo, en la inoperancia y en la renuncia a nuestras facultades como seres que indudablemente marcan un portento de diferencia en nuestra sociedad cuando somos conscientes de lo que debemos cuidar, preservar, sembrar y nutrir. Nuestra convivencia es una responsabilidad compartida, una misión personal diaria en la vida cotidiana y sin confianza no será posible. Mira que, los signos son inequívocos cuando en la realidad del presente se habla de la grave crisis en el multilateralismo y el orden mundial, y mucho de esto es justamente en parte por la falta de confianza que estriba primordialmente desde uno mismo. En este sentido vale la pena recordar una creencia primordial que deposita esperanza en todo progreso humano, el creer profundamente que la vida de las personas puede transformarse. Empezar con el orden mundial implica comenzar a ordenar por donde debemos comenzar, por dentro de nosotros mismos, de cada uno de nosotros mismos en orden de desplegar nuestra plenitud para poder ser compartida. Bueno, podemos observar la crisis en nuestras sociedades democráticas, implicado en la falta de confianza como he venido abordando en este conjunto de ideas; todo ello afecta negativamente el ánimo de los ciudadanos. Y un punto fino qué abordar, es cómo los populismos, radicalismos, dogmatismos y extremismos se nutren de la falta de confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Debemos hacer algo, por eso advertir responsabilidad compartida para generar buena orientación y buena educación y buen desarrollo, es tarea apremiante hoy de todo comunicador. Pues falta de confianza imprime desencanto en el presente.
Preservar confianza en nuestra convivencia democrática advierte asumir con responsabilidad estar atentos a todo lo que aportamos, y asumir el liderazgo de cómo influir para que esa convivencia se fortalezca, se preserve, sea una realidad en términos democráticos, con tolerancia y empatía. En una convivencia democrática requerimos de la participación y concurso de todos, pero cuando hay intolerancia y fomento a dogmatismos y fanatismos, se cae en la supresión de actores sociales, y no se da permiso a la escucha, el debate y la disertación y discrepancia de ideas. Hay mucho por hacer, más cuando han venido los estragos de los rezagos, y de la involución por estos resurgimientos que dan parte a épocas oscuras, épocas de ignorancia en esta dualidad de extremismos, radicalismos y populismos. Siempre tengamos presente que la humanidad es un proyecto compartido, y en esa función cuidemos del bienestar de nuestras naciones, en ese concierto aportemos soluciones y comportamientos en beneficio de la paz que buscamos. Resonar en esta mística es todo un portento.
Indudablemente nuestra época posee sus propios desafíos, y nunca ha resultado en automático conseguir el bien; este camino en el cual vamos juntos implica compartir la visión en favor a nuestro proyecto compartido de objetivos comunes para lograr ser felices en la tierra.
Recordemos nuestro recorrido, uno que ha sumado y nos ha implicado una sola visión de estar en el sendero de la inclusión y la tolerancia, porque así hemos edificado nuestro devenir civilizatorio. Renunciar a la suma de nuestras voluntades por el anhelo a mejorar, es renunciar a nuestro potencial. Miremos adelante, con la total confianza de que hemos sopesado lograr progreso ante adversidades y que hoy más que nunca no debemos distraernos de nuestro propósito fundamental, es lo que demarcará total diferencia significativa en todas nuestras iniciativas y ejercicio de nuestros dones y talentos al servicio del bien común. El país es nuestro proyecto de vida en común, desde nuestra trinchera aportamos y debemos volver a las raíces: confiar en nosotros, despertar nuestro carácter, nuestro sentido de justicia, equidad, visión, perseverancia y voluntad para hacerlo posible.
Estos días son para desear lo mejor, nuestro anhelo estriba en ello, y con esa actitud despertaremos al nuevo ciclo, dispuestos a enfrentarlo todo: la crisis para crecer, y el disfrute de nuestra felicidad permanente, nuestra dicha de existir y de avanzar en un ciclo donde siempre nos espera lo mejor.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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